El buen psicólogo

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Contémoslo de manera paradójica

De la hipotetización agorera a la hipotetización colaborativa.

Daniel Marañon*

Terapeuta quejoso, que no haces más que criticar a tus pacientes, clientes o consultantes (a partir de ahora consultantes). Plutón, Marte y Venus se han alineado para que ese paciente “barracuda” este robando tu valiosísimo tiempo. Tú que podrías estar dando conferencias para la APA (cualquiera de las dos, la psiquiátrica o la psicológica) en New York. Pero no, estás ahí, en tu lúgubre consulta con un consultante enviado por el mismísimo Lucifer. En más de una ocasión has pensado en explorar no solo la relación de su patología con su familia de origen sinoDSC00348-B2 su cuero cabelludo para ver si encuentras la marca; 666. Sin embargo, parece que ese no es el único Damien, o hijo del Diablo del día. Hay un par de ellos más esperándote antes de acabar la jornada. Y lo peor de todo, parece que mañana también, y pasado mañana…, también. La profecía del terapeuta cenizo invoca-penas. Continúas pensando que eres un bueno psicólogo a pesar de que no te enriqueces de tu experiencia.

Recuerdo aquellos comienzos en la formación clínica y psicoterapéutica en los que la mera hipotetización llevada a cabo sobre aquello que les ocurría a las personas que acudían a consulta entre compañeros, supervisores, tutores y docentes llegaba a producirme verdadera fascinación. El síntoma del paciente identificado tenía una función en el sistema familiar, nos daba información sobre el legado transgeneracional o su papel en la homeostasis familiar…etc. La hipotetización interpretativa de las dificultades conductuales, emocionales y cognitivas de las personas es algo que trasciende a la orientación psicoterapéutica desde la que se trabaje. Este hecho es algo que he podido comprobar a lo largo de estos años con docentes y supervisores de orientación psicoanalítica, sistémica, humanista o cognitivo-conductual. Desde una perspectiva comprensiva, integrativa, multisistémica y empíricamente fundamentada en psicoterapia, la hipotetización es el primer paso de cara al tratamiento (Breunlin et al., 2011).

Nuestro terapeuta cenizo solamente hipotetiza sobre la patología, y eso en el caso de que al menos llegue a hipotetizar. O´Hanlon (2001) a finales de la década de los 80 ya hablaba de una tendencia hacia una psicoterapia centrada en las soluciones, las competencias y las capacidades. Una tendencia que se oponía a una psicoterapia centrada en explicaciones sobre los problemas y las patologías enclaustrada en la mera hipotetización. Pasados más de veinte años, aún parece que continuar jugando a hipotetizar es el juego preferido del terapeuta cenizo. Éste cree que la mera hipotetización engloba el resto de fases del plan de acción psicoterapéutico ya recogidas por Breunlin y su equipo (2011). No da paso a la construcción de un plan estratégico, la conversación colaborativa y el feedback. ¿Cómo va a dar pues? (como diríamos en tierras vascas), si lo ve todo oscuro, o en el mejor de los casos, de color ceniza. Cualquier plan estratégico es frenado por la propia hipótesis. Es como si en cirugía cardiovascular los cirujanos se contentasen con debatir y discutir sobre la arteria y válvula aortica del paciente, regodeándose sobre lo grave que está, mientras el paciente permanece sedado en el quirófano hasta que se despierta.

Plan de Acción Psicoterapéutico (Breunlin et al., 2011)

Plan de Acción Psicoterapéutico (Breunlin et al., 2011)

Así pues, parece ser que esta primera oleada centrada en la patología y la explicación no ha sido del todo superada en el trabajo terapéutico a pesar del surgimiento de al menos tres oleadas más. La bautizada como la segunda centrada en el problema, la tercera centrada en la solución y finalmente la cuarta nacida según O´Hanlon (2001) allá por comienzos de la década de los 90, a partir de los métodos orientados a soluciones y que englobaba conceptos y palabras como colaboración, respeto, coconstrucción, relato, narrativa, capacitación, recursos, fortalezas y posibilidades.

El marco de trabajo sistémico al igual que otras orientaciones como los marcos más comúnmente conocidos como humanistas, han hecho especial énfasis en el trabajo centrado en los recursos de las personas que acudían a consulta. Sin embargo, es la epistemología sistémica la que parece corresponderse de manera unívoca mediante la propia naturaleza y arquitectura humana con un trabajo centrado en los recursos. En este sentido, se constata un isomorfismo a través de la correspondencia existente entre la organización de la mente, entendida como conjunto de procesos de recepción, procesamiento de información y de ejecución o inhibición de respuestas que deben de darse a un medio, o contexto relacional, y la organización cerebral. Así pues, tal y como afirma Fishbane (2007), un sí mismo fuerte, individual y aislado no se corresponde con unos circuitos cerebrales diseñados para conectarse, dedicarse a interpretar a los demás y a comunicarnos los unos con los otros. El apego y la conexión social influyen sobre el bienestar físico y emocional a lo largo de toda la vida (Fishbane, 2011) y no únicamente en los primeros años de vida. El self se organiza y reorganiza en el seno de las experiencias relacionales íntimas y recíprocas para construir estrategias nuevas y más adaptadas que lo protejan y reduzcan la probabilidad de peligro (Crittenden, 2000). Así, el reconocimiento de la naturaleza interpersonal de la psicopatología da cabida a la naturaleza interpersonal de los recursos y capacidades de los niños y de los sistemas de los que forman parte, al igual que de los individuos y de las parejas y familias que componen.

DSCN6836La carencia de un modelo de salud mental que sea distinto de la ausencia de psicopatología, deja vacía la hipotetización sobre los recursos y capacidades que parecen estar bloqueados en la persona, en el niño y su familia o en la pareja. La hipotetización construye el mapa a través del que moverse en el tratamiento psicológico, mapa que no puede asentarse únicamente en el déficit y la carencia. El pensamiento lineal basado exclusivamente en la patología no provee un significado que pueda tener sentido para quien consulta y provoca la pérdida de su colaboración en el sistema terapéutico. Haciendo coparticipe al consultante en la construcción de la hipótesis sobre como el contexto relacional de su pasado o presente influye en el problema que los ha traído a consulta, explorando su significado relacional, se estimula lo que Scheinberg y Brewster (2014) denominan “el proceso de crear una comprensión compasiva”. Así, generaremos un espacio colaborativo, además de congruente con la historia, los problemas y los recursos que traiga el consultante. Además, permitiremos establecer una sólida alianza terapéutica.

Un enfoque centrado meramente en la patología, bloquea toda posibilidad de explorar y utilizar las fortalezas, los recursos, las capacidades, las excepciones, el empoderamiento o el desarrollo de la autoeficacia percibida de los consultantes. No posibilita la deconstrucción de los problemas (White, 199) o el redescubrimiento de posibilidades o el etiquetado de las capacidades. En lugar de ello, potencia una jerarquía que reside en el terapeuta como experto “sabelotodo” que amputa todo tejido colaborativo a través del cual el niño, el adulto, la pareja o la familia sea coautora de su propio tratamiento. Entramos en el peligro de ser poseídos por el terapeuta cenizo, invoca-penas y sabelotodo, que a lo largo de los años cae en la desesperanza de que todos sus consultantes son los más espinosos.

Enfocando tanto las limitaciones como las potencialidades y fortalezas en el contexto vital de las personas estaremos promoviendo una comprensión sobre la construcción de los significados que sostienen el sentido de identidad del individuo, la pareja o la familia (Feixas, 2003). Si somos capaces de movernos secuencialmente tal y como proponen Pinsof (1983) y Scheinkman (2008) a través de las dimensiones interaccional, sociocultural/organizacional, intrapsíquica e intergeneracional es posible que una intervención pragmática vaya dando paso a una construcción semántica más rica o que esta vaya dando paso a un cambio operativo en la pragmática de quienes acuden a consulta.

Referencias

Breunlin, D. C., Pinsof, W., Russell, W. P. y Lebow, J. (2011). Integrative problemcentered metaframeworks therapy I: core concepts and hypothesizing. Family Process, 50, 293-313.

O¨Hanlon (2001). Desarrollar posibilidades. Un itinerario por la obra de uno de los fundadores de la terapia breve. Ed. Paidós. Barcelona.

Fishbane, M.D. (2007). Wired to connect: Neuroscience, relationships, and therapy. Family Process, 46, 395–412.

Fishbane, M.D. (2011). Facilitating Relational Empowerment in Couple Therapy. Family process, 50, 337-352.

Crittenden, P.M. (2000). Moldear la arcilla. El proceso de construción del self y su relación con la psicoterapia. Revista de Psicoterapia, 41, 67-82.

Sheinberg, M., & Brewster, M. K. (2014). Thinking and working relationally: Interviewing and constructing hypotheses to create compassionate understanding. Family process, 53(4), 618-639.

White, M. (1993). Deconstruction and therapy. In S. Gilligan & R. Price (Eds.), Therapeutic conversations. New York: Norton.

Pinsof, W.M. (1983). Integrative problem-centered therapy: Toward the synthesis of family and individual psychotherapies. Journal of Marital and Family Therapy, 9, 19–35.

Feixas i Viaplana, G. (2003). Una perspectiva constructivista de la cognición: Implicaciones para las terapias cognitivas. Revista de Psicoterapia, 56, 107-112.

Scheinkman, M. (2008). The Multi‐level Approach: A Road Map for Couples Therapy. Family Process, 47(2), 197-213.

*Daniel Marañon
Doctor en Psicología, Psicólogo Clínico,
Psicoterapeuta de Familia y Pareja

Irrika Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia en Bilbao
E-mail: maranondani@gmail.com

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